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  Acústica Aplicada
 
ACONDICIONAMIENTO ACÚSTICO DE RECINTOS
-Capítulo 1-
Un ensayo de Carles P Mas

- ESTUDIOS DE GRABACIÓN. LOCALES DE ENSAYO. LOCUTORIOS.   SALAS DE AUDICIÓN. AULAS.
- DISEÑO Y MONTAJE DE UN ESTUDIO DE SONIDO


CONSIDERACIONES PRELIMINARES
Antes de considerar la insonorización de cualquier espacio, conviene saber exactamente a que se va a destinar el recinto en cuestión. Basándonos en esta premisa, podemos considerar tres distintos tipos de locales: los de audición directa, los que precisan sistemas de potencia, y los de transmisión sonora.
Los locales para la audición directa (teatros, aulas, locales de ensayo) deber estar preparados para que el sonido, de limitada intensidad, pueda ser escuchado con la mayor claridad posible, siendo indispensable un control preciso de los tiempos de reverberación.
Las salas donde se vayan a ubicar sistemas amplificados (salas de conciertos, discotecas, clubs) se caracterizan por la distancia que pueda haber entre los altavoces y la audiencia, y también por la presión sonora con la que se vaya a trabajar. Las dimensiones generosas que suelen tener estos locales aconseja un tratamiento específico para cada superficie (paredes, suelo, techo) con tal de situar los niveles de absorción en valores correctos, así como estudiar la forma de conseguir el mayor grado de aislamiento acústico posible.
Los recintos con sistemas de transmisión sonora (estudios de grabación locutorios de radio, salas de cine) necesitan un aislamiento del exterior muy elevado; y deben contar además con materiales absorbentes que sitúen la reverberación dentro de unos valores muy precisos. Como norma general, un espacio que se vaya a convertir en un estudio de registro debe tener un nivel de ruido interno que no exceda de los 20 o 22 dB SPL; un valor que está unos 15 decibelios por debajo del ruido ambiente de una habitación normal ubicada el una ciudad (que está en torno a los 35 dB).
La forma de actuar sobre pequeñas superficies no difiere de cuando se actúa sobre recintos con dimensiones generosas, y con un conocimiento básico de las leyes de la acústica y de los materiales que se vayan a utilizar es posible obtener resultados satisfactorios.

¿AISLAMIENTO O ACONDICIONAMIENTO ACÚSTICO?
Cuando hemos decidido actuar en una sala para mejorar sus condiciones acústicas debemos hacernos una pregunta básica: ¿Queremos aislar un recinto del exterior, corregir la sonoridad en su interior, o bien ambas cosas?
Cuando se precisa aislar una sala se intenta que el sonido generado en su interior no salga fuera, y también que los ruidos externos no penetren dentro del recinto. El mejor ejemplo de un recinto que requiere un alto nivel de aislamiento es, justamente, un estudio de grabación.
Cuando se hable de acondicionar acústicamente una sala nos referimos al control de las reflexiones internas y del tiempo de reverberación; para así lograr que el sonido generado dentro del propio recinto suene claro y limpio. Dos lugares que deben tener unas buenas condiciones acústicas son una sala de conferencias o bien un local destinado a conciertos; en ambos recintos es preciso controlar el trayecto de las ondas sonoras, ya que la audiencia debe poder captar con extrema limpieza los sonidos que allí se generen.
Así pues, y antes de considerar cualquier tipo de actuación, es preciso tener muy claros los objetivos que se persiguen; si es prioritario aislar una sala del exterior o se prefiere corregir la acústica interna del local.
En algunas ocasiones lograr un buen aislamiento es un objetivo preferente, éstos son los casos de los locutorios de radio o de los estudios para la grabación, en estos recintos es imprescindible que los ruidos generados fuera no penetren en su interior. En otras ocasiones lo más importante es conseguir una buena acústica; en una discoteca o en un local de conciertos la música debe poder escucharse con nitidez, al margen de otras consideraciones.
De todas maneras los conceptos de aislamiento y corrección acústica están muy relacionados, ya que cuando se actúa en un sentido variamos los niveles del otro; vaya, que si aislamos un local cambia su acústica interna, y si acondicionamos un recinto varia el nivel sonoro que escapa del local y los ruidos que penetran desde el exterior.
Para aclarar mejor esta relación consideremos una fuente sonora en un espacio abierto y una persona situada a una distancia determinada. El sonido que va a percibir corresponde a las ondas que llegan directamente de la fuente, a las que se denominan ondas directas; la intensidad percibida estará en función directa de la presión sonora que genera la fuente y será inversa de la distancia que hay entre la persona y la fuente.
Si se efectúa la misma prueba en un recinto cerrado, la intensidad percibida por el oyente será mayor, ya que ésta capta el sonido directo con la misma intensidad que en el exterior, y además percibe las reflexiones generadas por las ondas sobre las paredes, el suelo y el techo.
Por todo lo mencionado es evidente que cuando aislamos acústicamente un local el nivel sonoro interno aumenta, ya que las ondas sonoras rebotan sobre la superficie aislante y regresan al interior. Este hecho sugiere la conveniencia de colocar algunos materiales absorbentes cuando se aísle un recinto por completo, ya que de otra forma las ondas reflejadas provocarán un aumento incontrolado de la sonoridad interna.

CONCEPTOS DE ACÚSTICA QUE SE DEBEN CONOCER
Antes de seguir adelante no estará de más desempolvar algunos conceptos básicos de Física Acústica, para entender mejor la relación que existe entre las ondas sonoras y los materiales por los que transitan. Como todos sabemos por experiencia el sonido es invisible, así que para poder controlarlo es imprescindible conocer su manera de actuar, cómo reacciona ante los materiales de formas y densidades diversas.
- Espectro sonoro. Se trata de una información, que puede presentarse en forma gráfica o numérica, y que describe cual es el contenido en frecuencias de un sonido determinado. Aunque los ruidos se componen de frecuencias aleatorias, siempre podemos hallar uno o más grupos de frecuencias predominantes en su espectro sonoro. Esto significa que para atajar un mido determinado conviene conocer cuáles son las frecuencias que poseen una mayor intensidad.
Para hallar el contenido espectral de un ruido es muy útil tener a mano un analizador de espectro en tiempo real (si no cuentas con uno puedes alquilarlo); este aparato analiza las componentes frecuenciales del sonido y las integra en el tiempo, lo que da un conocimiento preciso de las frecuencias que es preciso aislar con preferencia.
- Curvas Ponderadas. Las curvas ponderadas se usan para convertir el espectro de un ruido (tal y como suena en el exterior de nuestro oído) en un espectro parecido al que reproduce el oído interno. Es decir, como nuestros oídos captan con mayor facilidad unos tonos que otros, las curvas de ponderación imitan nuestra sensibilidad auditiva a los distintos tonos.
Cuando la medición se efectúa en decibelios SPL (sin ponderar) se trata de una medida objetiva -nos informa de como suena fuera de nuestros oídos-; mientras que cuando la lectura viene en decibelios ponderados nos da una medida subjetiva, ya que indica el nivel con que nuestros oídos recogen un sonido.
Como nuestra sensibilidad a las distintas frecuencias cambia con la intensidad, se pueden aplicar tres ponderaciones, según el nivel medio de la presión sonora a medir. Así tenemos la ponderación A que simula la sensibilidad del oído a niveles bajos (40 dB), la ponderación B para sonidos de nivel medio (70 dB) y la C para mesurar niveles de sonido elevados (100 dB).
- Coeficiente de absorción sonora. Del total de la energía que contiene una onda sonora, una parte resulta absorbida por el material que atraviesa el sonido; la cifra que nos indica cuál es esta proporción del sonido absorbido respecto al total de la energía transportada se denomina coeficiente de absorción. Este valor puede expresarse como un porcentaje o bien usando el Sabine como unidad de mesura. Sabine definió una ventana abierta como ejemplo de un perfecto absorbente (valor 1 Sa), ya que la totalidad del sonido que incide sobre esta ventana es "absorbido" y no es reflejado; mientras que un material absolutamente reflejante poseería un valor de absorción de 0 Sabine.
Así pues los coeficientes de absorción de todos los materiales se encuentran entre los valores de 0 Sa (0%) y 1 Sa (100%).
Este coeficiente puede ser dado en forma global o especificado según las frecuencias. En el primer caso nos indica cuál es la absorción media de un material a todas las frecuencias, mientras que en el segundo se precisa cuál es la absorción para cada grupo de tonos. Así sabemos que un panel de aglomerado de corcho posee una absorción media de 0'62 (el 62% del total de la energía sonora); pero a efectos de insonorizar un local nos convendría conocer sus coeficientes específicos: a 125 Hz 0'12 Sa, a 250 Hz 0'26, a 500 Hz 0'81, a 1 kHz 0'78, a 2 kHz 0'75, y a 4 kHz 0'84. Con estos valores en la mano veremos que la absorción de este material a los tonos bajos es reducida, mientras que es notable en los tonos medio-altos y altos.
- Material absorbente. La característica de un material absorbente es que transforma una buena parte de la energía sonora que lo atraviesa en calor, según el efecto de Joule. Estos materiales, en consecuencia, reflejan una cantidad mínima del sonido que les llega.
En principio todo material absorbente debe ser poroso, es decir debe permitir el paso de las moléculas de aire por su interior, para que pueda disipar las ondas sonoras cuando impactan contra sus cavidades.
La espesura de un material y su densidad son valores que determinan el grado de absorción de un material; también intervienen la forma externa que presenta y la rigidez de la estructura que lo sustenta.
- Material aislante. Se considera aislante todo aquel material que posee un alto índice de reflexión sonora, o dicho de otra forma es aislante aquel material que no permite el paso a su través de las ondas sonoras que inciden sobre él. Imaginemos lo que sucede en un recinto tras ubicar materiales aislantes en una o varias de sus paredes, y generando en su interior ruido con una fuente sonora de intensidad fija. Al contar ahora con superficies más aislantes aumenta la energía sonora que es devuelta al interior, ya que un mayor porcentaje de sonido se reflejará en las capas aislantes. En este caso aumentará tanto el tiempo de reverberación como el nivel sonoro en el interior del recinto; esto se traduce en que el ruido que saldrá ahora del recinto será el mismo que antes de ubicar los materiales aislantes, ya que su efectividad se ha visto compensada por el aumento de nivel sonoro que han provocado.
- Índice de aislamiento acústico. Es una cifra que nos indica cuál es la calidad acústica de cualquier elemento constructivo, ya sea una ventana, un tabique o un techo. Este índice mesura la energía sonora que se refleja en un material y que por consiguiente no es absorbida por el mismo, y se suele medir en dB (A).
Este índice debería estar indicado en todos los materiales que se puedan usar en acondicionamientos acústicos, aunque vayan a ser usados para otros fines (como pueda ser un aislamiento térmico). Varios fabricantes de materiales acústicos suelen facilitar este índice en forma gráfica, de manera que podamos calcular el poder de aislamiento de un material para distintas frecuencias.
- Control de la reverberación. Desde el año 1922 en que Sabine publicó su estudio sobre la reverberación, se han hecho múltiples estudios sobre este tema. En todos se coincide en destacar la importancia esencial de este parámetro para que un espacio posea una buena acústica.
Mediante la colocación de los materiales adecuados es posible corregir un tiempo de reverberación poco adecuado. Cuando un local es recubierto con materiales absorbentes el sonido reflejado se reduce cada vez que choca con uno de ellos, disminuyendo la energía sonora global dentro del local y acortando, a la vez, el tiempo de reverberación.
- Tiempo de Reverberación. Este parámetro mesura el tiempo que tarda un sonido en desvanecerse dentro de un recinto, una vez ha dejado de sonar. En principio se debe intentar que los tiempos de reverberación sean similares en todas las frecuencias; es decir que si se registra un tiempo de 2'5 segundos en 125 Hz., será bueno que los tiempos registrados para las otras frecuencias estén cerca de este valor (por ejemplo a 500 Hz. 2'4 s., a 1 kHz 2'2 s., y a 4 kHz 2 segundos).
Para obtener unos resultados fiables es preciso contar con instrumentos de medición que a veces no están a nuestro alcance; en este caso será suficiente disponer de un sonómetro y mesurar la reverberación obtenida generando sonidos de distintas frecuencias.
El tiempo óptimo para cada sala se calcula según su volumen y según la función a la que se destina, ya que no conviene la misma reverberación en una sala destinada a la palabra (un locutorio, un salón de conferencias) que en la misma sala cuando se destina a escuchar música.


En la tabla anexa se pueden verlos tiempos de reverberación más adecuados según el volumen del recinto. La línea superior corresponde a los tiempos para la música litúrgica o barroca, la segunda para la música orquestal, la tercera para la música de cámara y el jazz, y la línea inferior corresponde a los tiempos recomendados para la palabra. Para el rock y sus derivados los tiempos de reverberación estarán entre la segunda y la tercera línea.
Si se trata de una sala de dimensiones reducidas (un estudio casero, un local de ensayo) los tiempos adecuados de reverberación están comprendidos entre 0'4 y 1'2 segundos; una mayor duración suele embarullar la audición, mientras que un tiempo por debajo de 0'4 s. dará lugar a un sonido demasiado seco.
- Frecuencia de coincidencia. Cuando un material recibe el impacto de las ondas sonoras tiende a vibrar con sus propias frecuencias. A cierta intensidad aparecen las ondas de flexión, con las que el material vibra como un diafragma; la frecuencia en la que se originan estas ondas se denomina frecuencia crítica, siendo esta frecuencia directamente proporcional a su masa e inversamente proporcional a su rigidez.
A ciertos tonos, las ondas hacen vibrar el material de manera que el sonido incidente coincide en fase con la frecuencia crítica: son las frecuencias de coincidencia; el aislamiento que proporciona cualquier material se reduce en estas frecuencias, ya que se transmite el máximo de energía posible.

MATERIALES PARA EL CONTROL ACÚSTICO

PERFILANDO UN PROYECTO
Cuando se haya decidido el uso que se le quiera dar a un local, y tras investigar cuáles son los conductos por donde el ruido se infiltra o bien se escapa, habrá llegado el momento para establecer sobre que superficies debemos actuar. Paredes maestras, tabiques separadores, techos, suelos, puertas o ventanas pueden ser objeto del tratamiento acústico; en ocasiones también deberemos tomar en cuenta las cañerías y las conducciones de aire acondicionado.
Si no es imprescindible obtener un aislamiento muy severo, podrá ser suficiente actuar únicamente sobre las superficies que presenten un mayor grado de transmisión sonora, ignorando a las otras; esto dependerá de los objetivos que se quieran alcanzar. Las frecuencias altas y las medio/altas son -relativamente- más sencillas de eliminar que las frecuencias más bajas, que se transmiten fácilmente por pilares, paredes maestras y suelos. Alguna vez habremos percibido la vibración que origina alguna discoteca mal aislada, muy notable con los golpes del bombo o los toques del bajo; o el paso de un tren o de algún camión pesado cuando se está en un edificio cercano al ferrocarril o a alguna carretera.
Para reducir el paso de los ruidos que son transmitidos por el aire debemos interponer barreras de distintos materiales, para que las ondas sonoras se reflejen y sean absorbidas por los propios materiales.
Aportar una masa mayor a las barreras supone la forma mas común de aislamiento, pero a menudo este sistema no es factible, ¿y porqué?, pues debido a que la aportación de masa nos obliga a perder un espacio útil, y también propicia un aumento de peso que puede ser peligroso en el espacio a tratar. En otras palabras, que una pared de piedra u hormigón con 70 cm. de grosor ofrece un aislamiento formidable, pero no es habitual poder levantarla en una obra ya construida.
Es por este motivo que se recurre a otros sistemas, siendo uno de los más usuales situar barreras superpuestas de materiales distintos. Esta alternativa permite la obtención de aislamientos menos voluminosos y con un peso más reducido, que presentan una reducción sonora equivalente a la que tendría una única pared más gruesa y pesada.
Un combinado formado por una placa de yeso tipo Pladur, una plancha de fibra de roca, y una chapa de madera forman una barrera que puede reducir hasta 50 dB los sonidos que incidan sobre ella. Los tres materiales superpuestos tendrán un espesor de 28 cm. y una masa de 15 kg/metro cuadrado, mientras que un muro de doble ladrillo que ofreciese una reducción acústica parecida tendría un espesor de 70 cm. y una masa de 160 kg/metro cuadrado.
De ahí la conveniencia de tratar con materiales de distintas densidades en forma superpuesta, y a ser posible el dejar cámaras de aire de 5 a 10 cm, entre los tabiques para reducir el contacto físico entre éstos, y así impedir el paso de las vibraciones por su estructura.
Cuando se deba aislar un espacio de los ruidos transmitidos por una estructura sólida, los mejores resultados se obtienen aislando el material del edificio de la zona que se quiera insonorizar. En estos casos -los más complejos- los tabiques deben descansar sobre suelos flotantes.
Uno de los modos más sencillos para realizar suelos o techos flotantes consiste en intercalar, entre la superficie original y la nueva, placas que sirvan de aislantes de la vibración estructural, como las que fabrica la firma Styrodur.
En todos los casos, y para mejorar la efectividad de un aislamiento acústico, es importante reducir las reflexiones internas, ya que aumentan de forma considerable la reverberación. Para esto se requiere un tratamiento con materiales absorbentes, de ello no hay duda; pero: ¿donde deben ubicarse estos materiales y cual debe ser su espesor?.
Imaginemos que situamos todo el material absorbente en el techo de un recinto; una persona situada en este espacio tendrá la sensación de que el techo no existe, ya que no percibirá reflexiones sonoras provenientes de arriba. Una sensación parecida se tendría al colocar todos los absorbentes en una única superficie (impresión de espacio vacío), tengamos este hecho en cuenta.
Como norma general, los materiales absorbentes deben estar repartidos de forma homogénea por el interior del recinto a tratar. El sonido resultante será más natural si los absorbentes están distribuidos por distintas superficies que si los amontonamos en una sola.
En lo referente al espesor, se debe contar con que la velocidad de una onda sonora en el vértice de una pared es matemáticamente cero. A partir de ahí la velocidad aumenta, y alcanza un nivel máximo en un punto tal que la distancia entre éste y la pared es igual a 1/4 de la longitud de onda. Al cubrir esta pared con un material cuyo espesor sea inferior a 1/4 de la longitud de onda, el nivel de absorción no será el adecuado.
Como la longitud de onda es inversa de la frecuencia, el espesor del material va a determinar la frecuencia más baja que pueda ser absorbida. Esto se traduce en que para absorber, por ejemplo, el 80% de 160 Hz sería necesario colocar un material de un espesor cercano al medio metro. En la práctica es muy difícil contar con materiales tan gruesos, pero existe una opción que da un resultado parecido usando paneles absorbentes de 13 cm de espesor: se trataría de colocarlos separados de la pared unos 35 cm.
De todo ello se deduce que para mejorar la absorción en bajas frecuencias es conveniente separar el material absorbente de la superficie; cuanto mayor sea esta distancia más bajas serán las frecuencias afectadas por la absorción.

¿POR DONDE SE INFILTRAN LOS RUIDOS?
Resulta evidente que, para aislar cualquier espacio de una fuente de ruido, es imprescindible conocer los caminos que siguen las ondas sonoras, desde el punto donde se inicia el ruido hasta el interior del espacio. No contemplar esta premisa con suficiente atención puede hacer inútiles las actuaciones para aislar un local, ya que las ondas sonoras pueden viajar por rutas insospechadas.
En principio, tenemos que los ruidos pueden transmitirse por el aire (ruido aéreo) o bien por la estructura de los edificios (ruido de impacto). El ruido aéreo también puede viajar por otras vías indirectas, que permiten el paso de la energía sonora entre lugares muy alejados, como es el caso de los conductos de ventilación o de los tabiques.
Quedamos en que es fundamental saber si se trata de una transmisión por vía aérea o bien por una estructura sólida, donde el medio no es el aire sino un material sólido (pilares, vigas, forjados, paredes, ventanas, etc.).
Para conseguir un buen aislamiento al ruido aéreo es conveniente aumentar la masa de las superficies a tratar, ya que cuanto mayor es la masa mejor es el aislamiento que ofrece. La denominada Ley de la Masa Experimental indica que el aislamiento acústico de una pared está en función de la masa superficial que posee. Tanto la teoría como la práctica indican que cuando se duplica una masa su poder de aislamiento aumenta en 6 dB.
De la misma manera se sabe que, para una masa determinada, aumenta su poder de aislamiento en 6 dB al doblar la frecuencia del sonido. Por este motivo las frecuencias más altas no suelen transmitirse por medios sólidos, y en consecuencia podemos considerar que los tonos más altos viajan exclusivamente por el aire.
No obstante, en muchas ocasiones no basta con cambiar unas paredes delgadas por otras más gruesas, y ello es debido al efecto de flexión que presentan cuando m sonido incide sobre ellas, me explicaré. Cuando un ruido incide sobre una cara de un tabique, éste se pone a vibrar al compás de las ondas sonoras; la vibración alcanza la otra cara del tabique y así reaparece el ruido, amortiguado por la propia estructura de la pared. Este efecto de flexión también se da en los cristales de las ventanas.
Los ruidos estructurales o de impacto se originan por choques sobre la superficie de un material que trasmite estas vibraciones a otros puntos del mismo material; la misma vibración de este material origina luego el ruido aéreo.
Para aislar los ruidos de impacto se intentará suprimir cualquier unión rígida entre el material que recibe el impacto y la superficie sólida que da al espacio que se quiere insonorizar. Los materiales antivibración son los más adecuados para estos usos, ya sea colocados en el punto de origen del ruido (cuando sea posible), o bien sobre el material conductor del ruido y en el espacio que se pretende aislar.
Si los ruidos de impacto se originan en el propio recinto a insonorizar (como los golpes de un percusionista en un local de ensayo), será preciso revestir el suelo con materiales que absorban los impactos, o cuando el presupuesto lo permita instalar un suelo flotante.
Reconocer cuales son las superficies que se deban aislar no es demasiado complicado si se trata de recintos de tamaño reducido. A menudo basta con pegar la oreja sobre las distintas superficies de una sala para captar, de inmediato, las que están más afectadas por la transmisión de ruidos externos. Es conveniente efectuar estas "escuchas" cuando los ruidos tengan una cierta intensidad, para obtener unos resultados más fiables.
En las mediciones profesionales se utilizan sonómetros, que mesuran la presión sonora en decibelios SPL, o aún mejor con analizadores de espectro en tiempo real si se requieren unos resultados más precisos.

PAREDES SIMPLES Y PAREDES DOBLES
Una pared simple es aquella que no está formada por unidades separadas. Cuando situemos un material aislante en una pared simple, el conjunto debe tener un espesor y una densidad suficientes para conseguir una frecuencia de coincidencia lo más elevada posible. Esto requiere que el material que se vaya a utilizar posea la mayor densidad superficial que podamos obtener.
A1 duplicar el peso de una pared se duplica su capacidad de aislamiento, es decir aumenta en 6 dB. Cuando se trata de paredes ligeras es posible actuar de esta forma, pero cuando se trata de paredes pesadas (de obra) no suele ser recomendable por razones de carga y de espacio.
Esto significa que cuanto mayor sea la densidad de masa en los materiales empleados, mayor será la capacidad de aislamiento de las paredes simples. Varios materiales de uso frecuente en correcciones acústicas presentan una densidad superficial muy elevada, pero al mismo tiempo presentan un peso y un grosor muy reducidos; es decir ofrecen una buena capacidad de aislamiento ocupando un espacio mínimo.
Las paredes dobles presentan tres aspectos esenciales en lo que respecta a su comportamiento acústico: la resonancia de las propias paredes, las ondas estacionarias que se generan en la cavidad situada entre las dos paredes, y los puntos de unión entre las paredes y las otras superficies.
En las bajas frecuencias una pared doble se comporta como un sistema de masa-muelle-masa; las masas son los mismos tabiques y el muelle es la cámara de aire que hay entre ambos. Un conjunto así posee una frecuencia de resonancia definida por la distancia entre las paredes y las masas superficiales de ambas. De ello se deduce que la frecuencia de resonancia será más baja (y por consiguiente mejor) cuanto mayor sea la masa de cualquier pared y la distancia entre ellas.
En la figura superior (...) se esquematiza el aislamiento en dB de una pared doble (en líneas continuas) y el aislamiento según la masa de una pared simple (líneas punteadas); mientras que en la parte inferior se representa la frecuencia de resonancia de todo el conjunto.
Debemos prestar atención, a la hora de instalar tabiques acústicos, a los enchufes, conducciones u orificios que no vayan a ser cubiertos por los materiales aislantes; los ruidos pasarán a través de cualquier fisura limitando de forma drástica la capacidad de aislamiento del conjunto. Atención a las dimensiones que puedan tener los agujeros que no se puedan evitar (por ejemplo un interruptor) ya que la superficie eficaz de la fisura suele ser superior ala real en lo que respecta a la transmisión de ruidos.
Como norma general, ya sea en medias o en bajas frecuencias, la existencia de fisuras en cualquier barrera acústica suele ser muy negativa para la eficacia de cualquier aislamiento.

TRANSMISIÓN POR VÍA AÉREA Y POR VÍA SÓLIDA.
Recordemos en principio las dos formas básicas en que transmiten los sonidos: por vía aérea y por vía sólida o estructural.
Cualquier impacto sobre una superficie, ya sea vertical u horizontal, se traduce en una vibración de la propia estructura. Así los ruidos de impacto son originados por choques sobre superficies sólidas que transmiten el mido a la propia superficie; cuando esta vibración llega a otros puntos de la misma superficie alcanza el aire y se convierte en ruido aéreo.
Pero además esta vibración podrá transmitirse a otras superficies que estén en contacto con la primera, y que presenten poca oposición a esta energía vibratoria. Es necesario reconocer cuales son las estructuras por donde transiten las vibraciones, para poder realizar un aislamiento competente. De ello se deduce que, para aislar eficazmente los ruidos de impacto, será preciso separar físicamente el material que recibe los impactos del espacio que se quiera aislar.
Así, cuando la fuente de los golpes esté en el propio recinto (como pueda ser una batería de percusión), bastará con situar un material absorbente en contacto con la fuente del ruido, cubriendo toda el área donde se originan las vibraciones; de esta forma disminuirá la intensidad de los golpes que lleguen a la estructura de la sala.
En el caso opuesto, en que los ruidos de impacto procedan del exterior, habrá que situar los materiales absorbentes por todas las superficies que transmitan las vibraciones, ya sea el suelo, el techo o las paredes. Como se puede suponer, cuando la transmisión ocurra por varias superficies, la resolución del problema va a ser más compleja y costosa, sobre todo cuando se necesite un buen nivel en el aislamiento.
En estos casos es preciso colocar suficientes elementos que absorban los impactos entre la estructura original y el material aislante, ya que una unión rígida entre ambos reduce considerablemente el aislamiento real del local. Queda claro que la mejor manera (y la más económica) de reducir cualquier ruido de impacto consiste en actuar donde éste se origina, siempre que ello sea posible.

¿QUÉ MATERIALES HAY QUE COLOCAR?
Antes de decidir la compra de unos materiales concretos, será interesante resaltar algunas formas de actuar que suelen dar buenos resultados en cualquier corrección acústica
- Las paredes con varias capas sin conexiones rígidas entre ellas poseen un poder de aislamiento mayor que una pared simple que tenga la misma masa. A este respecto recordemos la función de los cristales laminados: en lugar de una sola capa el cristal en láminas presenta diversas capas superpuestas, de forma que con el mismo grosor un cristal laminado es más aislante que uno simple.
- Es positivo colocar materiales de distinta densidad en las estructuras tipo "sandwich", formadas con capas de diversos materiales. Recordemos el concepto de la refracción acústica: El sonido cambia de velocidad cuando pasa de un medio a otro con una densidad distinta, al mismo tiempo que varía la dirección de propagación de este sonido.
En la práctica significa que cuando las ondas chocan con una superficie cambian de dirección, y este giro (cuando es múltiple) puede ser aprovechado para mejorar el aislamiento. Si colocando capas de materiales distintos logramos que las ondas sonoras giren 90 grados, las vibraciones quedarán atrapadas en el mismo material absorbente, sin alcanzar el espacio que se insonoriza.
- Hay que intentar romper los paralelismos. Al situar materiales absorbentes en el interior de una sala resulta beneficioso no colocarlos en paralelo a pared alguna. Los píanos inclinados, aunque sean reducidos, mejoran el poder de absorción del material; y además se reduce la posibilidad de que aparezcan ondas estacionarias o efectos de resonancia acústica.
- Según la distancia que exista entre las paredes y el material para tratamiento acústico las frecuencias de absorción cambian. De hecho suele ser más complicado instalar placas acústicas a cierta distancia de la pared que hacerlo sobre la pared misma, pero en muchas ocasiones merece la pena. Los colchones de aire entre un material y la pared mejoran el aislamiento muy poco, pera la gama de frecuencias que resulta absorbida será distinta. En estos casos se registra una absorción más notable en las frecuencias bajas y medio-bajas, que aumenta cuanto mayor es la separación entre las placas y las paredes.
- Cuando los ruidos llegan del exterior, hay que colocar el absorbente antes que el aislante. Si ubicamos una capa de material aislante encima de un tabique, el mido externo se reflejará en el aislante y al regresar volverá a afectar al tabique, aumentando el nivel de ruido que impacta sobre él (y en consecuencia transmite). Para reducir este efecto es conveniente situar una o más capas de material absorbente entre el aislante y el tabique; de esta forma una parte considerable del sonido incidente y del reflejado será absorbida por este material, reduciendo la energía sonora que regresa a la pared de obra.
- Cuando un ruido se origina en el interior de la propia sala, hay que combinar elementos aislantes con absorbentes.
Si se colocan, únicamente, materiales aislantes por todo el interior de una sala, el sonido que antes se escapaba será reflejado y volverá al interior, aumentando así el nivel sonoro global (con lo que la eficacia del propio aislamiento se verá reducida). Para impedir este aumento de la presión sonora, será preciso ubicar en distintas superficies del interior materiales absorbentes, con tal de que reduzcan las reflexiones extras que se producen a causa de las placas aislantes, y así no aumente el nivel sonoro interno.
- En ciertos casos, la instalación requerirá una mano de obra especializada. No es lo mismo enganchar unas placas de aglomerado de corcho sobre una pared que instalar un doble techo de yeso flotante con placas de bituminosa. Si nuestro fuerte no es el bricolage tengamos en cuenta el coste de la mano de obra cuando nos planteemos cualquier proyecto.
- No se debe olvidar que el resultado final de un montaje acústico depende en gran parte de los elementos que fijan las estructuras, de las piezas que sujetan los materiales aislantes o absorbentes. Una colocación indebida de una sola de estas piezas puede dar lugar a la transmisión de vibraciones, reduciendo el nivel de insonorización que se va a conseguir.
- En ningún caso es recomendable realizar montajes sin una idea muy clara de lo que se va a hacer paso a paso. Un buen proyecto mal instalado es siempre un mal negocio, ya que su capacidad para el tratamiento sonoro estará siempre mermada.







 
 
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